El voluntariado joven, corazón de la primera Escuela de Verano en La Chanca-Pescadería
Una veintena de niños y niñas de entre 5 y 13 años han compartido una semana de aprendizaje, convivencia y cuidado, acompañados por jóvenes comprometidos con la infancia.
Una veintena de niños y niñas de entre 5 y 13 años han participado durante una semana en la primera Escuela de Verano celebrada en la parroquia de Santa María de Belén, en La Chanca-Pescadería, una iniciativa impulsada por diversas realidades de la Iglesia diocesana para ofrecer un espacio seguro, educativo y de convivencia que refuerce el acompañamiento a la infancia del barrio.
Una experiencia educativa y de convivencia
Durante estos días, los participantes han disfrutado de talleres creativos, juegos originales y tradicionales, actividades deportivas, dinámicas de agua, la proyección de cortos con palomitas y la creación de su propia obra de teatro. La experiencia concluyó con la entrega de diplomas, poniendo el broche final a una semana marcada por la alegría y el aprendizaje compartido.
La iniciativa ha sido posible gracias al trabajo conjunto del Programa de Infancia, Adolescencia y Familia y el Voluntariado Joven de Cáritas Diocesana de Almería, Cáritas Parroquial de San Isidro Labrador, Pastoral Juvenil, la Fundación Anawin y el Grupo Parroquial Virgen de la Luz; y con el apoyo y la implicación del párroco de San Isidro Labrador, Óscar Trujillo.
Cada niño y cada niña, un regalo que cuidar
En el corazón de esta propuesta se encuentra el compromiso con la infancia. La técnica del Programa de Infancia, Adolescencia y Familia de Cáritas Diocesana de Almería, Toñi Manzano, ha subrayado este enfoque: “Para nosotros es muy importante transmitir que cada uno de estos niños y niñas es un regalo al que hay que proteger, cuidar y promocionar. Darles la posibilidad de ser protagonistas de su propio destino es un compromiso que marca todas y cada una de nuestras acciones en favor de la infancia, guiándonos por la propuesta que Jesús hizo: “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mt 19,14) y “cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40)”.
Desde este horizonte evangélico, la Escuela de Verano ha querido reconocer a cada niño y cada niña como protagonista de su propia historia, ofreciéndoles un acompañamiento basado en la protección, el respeto y la confianza en sus posibilidades.
El valor del voluntariado y la cercanía
Uno de los pilares de esta experiencia ha sido la implicación del voluntariado joven. La coordinadora de Voluntariado de Cáritas Diocesana de Almería, Elizabeth de la Cruz, ha destacado su papel: “Su manera de integrarse en el proyecto, su cercanía y su capacidad para conectar con los niños y niñas han generado vínculos preciosos, vínculos que solo nacen cuando hay escucha, respeto y verdadera presencia”.
Una presencia que expresa el rostro cercano de la Iglesia
El delegado diocesano de Pastoral Juvenil, José Aliaga, ha destacado el valor de una iniciativa que permite a los jóvenes vivir la fe desde el servicio, la cercanía y la atención a las necesidades concretas de la infancia. “Desde la Pastoral Juvenil no dudamos en apoyar esta gran iniciativa. Nuestra participación me pareció una presencia que nos define como Iglesia: cercana, atenta a las necesidades, sinodal… Integrar estas experiencias en la pastoral con niños y jóvenes, llevarlas en su propia identidad y manera de entender cómo vivir la fe es algo que nos ilusiona profundamente”.
Una comunidad unida al servicio de la infancia
La colaboración entre distintas realidades eclesiales ha sido clave para el desarrollo de la Escuela de Verano. La directora de Cáritas Parroquial de San Isidro Labrador, María del Mar Márquez, ha valorado especialmente la implicación de todos los participantes: “Ha sido muy emocionante ver la implicación de las familias, la ilusión de los niños y la implicación de nuestros jóvenes voluntarios”.
María, María Dolores, Lisa y Daniela, junto a Aarón, perteneciente al Grupo Parroquial Virgen de la Luz, han formado parte del grupo de jóvenes que ha acompañado a los niños durante esta primera edición, contribuyendo a crear un ambiente cercano y acogedor.
Un final que abre nuevos caminos
La Escuela de Verano concluye dejando una comunidad más unida y una Iglesia presente en la vida del barrio. La experiencia ha despertado el deseo de continuidad para futuras ediciones. Como expresan desde Cáritas: “Y a esos niños, que ya echamos de menos, esperamos volver a encontrarnos con todos ellos el año que viene”.



